Mapa mental de la fe 1

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Mapa mental de la fe 1

Para Napoleón Hill la fe está estrechamente ligada con la autosugestióntema del próximo mapa mental-. Mi fe arranca cuando creo que estoy destinado para alcanzar lo que busco, porque tengo fe en mis capacidades. Tengo el poder para lograr mis propósitos. Por mi fe, ¡persisto! Por mi fe ¡Actúo! Mi fe dice que alcanzaré mis metas.

Todo se origina en mi mente. Mis pensamientos se reproducen en acciones externas físicas. Dedico 30 minutos cada día para dirigir el poder de mi mente hacia una imagen precisa: la posesión del objetivo que me he propuesto: “Cada deseo es el esfuerzo de una posibilidad no expresada de entrar en acción”. ( Ver mapa 2).

La fe necesita autoconfianza: cualquier deseo que alimente en mi mente será alcanzado en el tiempo porque mis pensamientos se afianzan sobre la garantía de la verdad y la justicia. Toda riqueza perdurable se levanta sobre estas dos bases. Toda transacción debe beneficiar a todos los que intervienen en ella. La fuerza de mis pensamientos hará que las personas adecuadas participen en mis proyectos y sean atraídos por mis planes, por mi buena disposición para servir a los demás.

Ya hemos hablado del deseo –en nuestro mapa mental anterior– y la forma como este, a través de las sensaciones y las emociones, se transforma en pensamientos. Voy a repetir lo anterior con otras palabras: cuando deseo algo, mis emociones se transforman en pensamientos. Esos pensamientos se transforman en imágenes de aquello que va a realizarse en el futuro por medio de la fe. Por eso la fe es un elemento fundamental en el proceso de elaboración de mis planes. Confío en que aquello que veo en el futuro terminará por realizarse. Sostengo esa imagen en mi pensamiento como si estuviera sucediendo a través de la meditación diaria. Hago vibrar cada partícula de esa imagen con la energía de mi fe para que poco a poco se vaya manifestando en el plano físico. Yo me muevo hacia ella y ella a su vez se mueve hacia mi. Desde esa fe puedo mover una montaña. Realizar un sueño cualquiera. Lo que creo es un poder para levantarme sobre lo inimaginable. Tengo derecho de ser exitoso. Fui creado para el éxito. Con mi fe reclamo ese derecho. “Pedid y se os dará, buscad y hallareis” (Mt 7,7) dependerá de mi capacidad para recibir, para soñar y creer en mis sueños. La fe no precisa de evidencias sino de sueños. “La duda puede convertir un grano de arena en un montaña; la fe puede mover montañas”.

Mapa mental de la fe 1